Salté de un tranvía en marcha



¡Hola guapetones míos!

Cuando yo tenía 20 años y festejaba con Agustín, a veces cogíamos el tranvía 29 que daba la vuelta a Barcelona, era una manera como otra de pasar la tarde cuando no tenías un duro. Justo ese día el tranvía iba muy lleno porque faltaba poco para Navidad y nosotros íbamos en la plataforma (el espacio que había al final del vagón). Cerca había una chica que llevaba una cesta de mimbre y que a mí desde el principio me dio muy mala espina. Yo no paraba de decirle a Agustín que esa cesta no me gustaba nada, pero él me decía “que no mujer, qué va a tener de raro una cestita de mimbre”. Pues de esa cestita de mimbre de repente, ¡salió la cabeza de un gallo! Ay mi madre el susto que me llevé, no lo pensé ni un segundo, ¡salté del tranvía en marcha! 

El tranvía no iba a la velocidad de la luz tampoco, así que solo me hice algunos rasguños en los codos y las rodillas (el que se quedó blanco y se llevó un susto de muerte fue mi Agustín). Me llevaron enseguida a un dispensario que había en la calle Sepúlveda y allí me curaron. Tengo que confesar que los animales siempre me han dado un poquitín mucho miedo. Eso sí, nunca les haría daño, ellos por su camino y yo por el mío. 


Ay quién tuviera 20 años otra vez…Disfrutar hijos, ¡disfrutar!



Muchas gracias por venir ¡Nos vemos la semana que viene, si Dios quiere!


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